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No invertir es la peor decisión que puedes tomar en tu vida como ahorrador



Cuando tomamos la decisión de ahorrar, renunciamos a consumir en el presente para poder hacerlo en el futuro. Es una decisión inteligente de la que seguro nuestro yo del mañana nos estará enormemente agradecidos.


Sin embargo, no invertir esos ahorros y dejarlos “parados” en una cuenta corriente o en un depósito a plazo fijo remunerado al 0,03% anual, es una decisión horrible. Sin quererlo, y posiblemente sin saberlo, estaríamos poniendo en jaque nuestras finanzas personales.


El objetivo de este artículo es explicarte por qué no invertir es, sin lugar a dudas, la peor decisión que puedes tomar en tu vida como ahorrador.



¿Por qué debes invertir?


Los tipos de interés oficiales llevan en el 0% desde marzo de 2016 y todo apunta a que seguirán ahí un tiempo más. Semejante (e insólito) escenario ofrece pros y contras para las familias y sus finanzas.


Por un lado, los hogares con hipotecas a tipo variable vinculadas al euríbor respiran tranquilos, al beneficiarse de continuas bajadas en su cuota mensual.


Por otro, las familias acostumbradas a ahorrar de forma conservadora observan, de forma cada vez menos impasible, como los depósitos y las cuentas remuneradas ofrecen una rentabilidad pírrica.


Y es que en el contexto económico actual, ser ahorrador no basta. Hay que dar un paso adelante más y comenzar a invertir. A continuación te vamos a dar dos razones de peso irrefutables:


1. La inflación.


La inflación se comporta como un impuesto silencioso que devora tus ahorros con el paso del tiempo. La principal razón por la que debes invertir es, precisamente, para evitar la pérdida de poder adquisitivo que provoca este fenómeno.


Aunque hoy los tengamos rondando el 0%, no sabemos cómo estarán los tipos de interés en el futuro. Si tomamos como referencia el objetivo de inflación fijado por el Banco Central Europeo, que es del 2% anual, podríamos confundirnos y pensar que la pérdida adquisitiva es pequeña: nuestros ahorros “sólo” perderían un 2% de valor cada año. Nada más lejos de la realidad.


A largo plazo, el impacto de ese 2% sobre nuestro capital es sencillamente demoledor. Un coche que hoy cuesta 15.000 euros, por ejemplo, pasaría a costar casi un 50% más dentro de 20 años, es decir, alrededor de 22.500 euros.

Visto así, dejar el dinero en el banco no parece un buen negocio a futuro.



2. El interés compuesto.


El interés compuesto alude a que los intereses generados por una inversión se reinvierten en la propia inversión y, por tanto, también generan intereses. Como dirían los hermanos Marx:


“Más madera, esto es la guerra”.

El interés compuesto es, por tanto, el resultado de que los intereses no se cobren, sino que se capitalicen. Esto provoca un efecto multiplicador en la inversión, que crece de forma exponencial, y no aritmética.


Por ejemplo, si invertimos 10.000 euros hoy y mantenemos la inversión 10 años, si logramos un 7% de rentabilidad neta anual, nuestros ahorros se convertirán en 19.671,50 euros.

Prácticamente habríamos duplicado nuestro capital inicial sólo por estar invertidos, siempre y cuando obtengamos ese hipotético 7%, claro está.



¿Qué características definen una buena inversión?


El lector que haya llegado a este punto del artículo habrá confirmado que no invertir tiene un coste de oportunidad bastante importante: no solo pierdes dinero por culpa de la inflación, sino que además dejas de ganarlo porque renuncias a beneficiarte del interés compuesto.


Por tanto, ahora que tenemos clara la importancia de la inversión, la siguiente pregunta obligada es: ¿dónde invierto mi dinero?


Hoy en día existen múltiples alternativas para invertir. En función del riesgo que seas capaz de asumir, del horizonte temporal de tu inversión o de la volatilidad que estés dispuesto a soportar, entre otros muchos factores, podrás elegir entre unos vehículos de inversión u otros.


Aunque no hay una mejor inversión que sea válida para todo el mundo, en general, las principales características de una buena inversión son estas:


1. Máxima diversificación.

Una buena inversión te permite distribuir tu patrimonio entre diferentes tipos de activos con el objetivo de minimizar los riesgos. Estos activos deben pertenecer a zonas geográficas y sectores distintos para que la correlación entre ellos sea mínima.


2. Mínimos costes.

El impacto de las comisiones y de los gastos de una inversión sobre su rentabilidad final es enorme, sobre todo a largo plazo. Ocurre además que estos costes se descuentan del valor liquidativo del fondo, por lo que la mayoría de inversores, en realidad, no saben lo que pagan.


3. Confiable.

Por encima de cualquier otro factor, una inversión debe aportar confianza al inversor. Si no te fías del equipo gestor que está detrás de ella o hueles algo turbio en la composición de activos de la cartera, huye lo más rápido que puedas.


4. Adaptada a tu perfil de inversión.

Como te decíamos, no existe una tipología de inversión que sea válida para todo el mundo. Por tanto, un producto de inversión será bueno para ti si se adapta a tus circunstancias personales y a tu perfil inversor. Es importante que te sientas cómodo con tu inversión.


5. Eficiente fiscalmente.

En la vida solo hay dos cosas seguras: la muerte y los impuestos; nada podemos hacer para evitarlas. Por eso, ignorar la fiscalidad a la hora de estudiar un inversión es un error grave que puede provocarnos importantes quebraderos de cabeza en el futuro.


En resumen, una buena inversión será aquella que esté ampliamente diversificada y que tenga unos costes muy reducidos. Pero no solo eso, también debe permitirnos dormir tranquilos, y para ello ha de ser confiable y estar adaptada a nuestras circunstancias personales; y además, debe tener una fiscalidad ventajosa.



Algunas recomendaciones antes de invertir.


No nos gustaría terminar el artículo sin ofrecer algunas recomendaciones adicionales dirigidas a esos futuros inversores que acaban de descubrir que ahorrar es solo el primer paso:


- Lee, infórmate y analiza. No inviertas ni un solo euro en algo que no entiendas, por muy atractivo que te parezca.


- No te fíes de la rentabilidades históricas. Forman parte del pasado y nada garantiza que puedan repetirse en el futuro.


- Asegúrate de cuál es tu tolerancia al riesgo. Los mercados son subidas y bajadas continuas, ¿hasta qué punto podrás soportarlo?


Lo que acabas de leer son solo algunas nociones básicas que debes conocer antes de acercarte al precioso e incierto mundo de la inversión, pero hay otros muchos factores que también debes considerar.


Con tiempo y paciencia, una de las grandes virtudes del inversor inteligente, los desgranaremos uno a uno en este, el blog de Baelo. Esperamos y deseamos que nos acompañes en el camino.


Aurelio Jiménez, economista y divulgador de contenidos financieros.